Seguía escuchando esas palabras en su mente, como un eco que retumbara en toda la habitación. En ese momento sintió su abrazo envolviendo su cuerpo tan frágil. Intentaba devolver sus caricias, buscando la serenidad en el mar de sus ojos, y tratando de disfrutar lo que le regalaba Ander esa noche, otra de esas noches que permitía que su cuerpo saliera por unos momentos de su mente. Unos minutos de paz, sin pensamientos que entorpecieran sus acciones, dejándose llevar sin prejuicios ni consecuencias. Esos momentos son los que la vida es vida, tal cual, importa ese momento, todo lo demás queda relegado a segundo plano. Como si se desdoblara.
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